Hazte cargo de que he muerto.Atrapada en el carrizo de tu ribera quedó mi vida.
Cuando quise ser cautivo de tu amor desataste el nudo y me dijiste: déjame, vete, quiero ser libre.
¡Qué trágica libertad la del amante a la deriva, alejado de su anhelo y su pasión! Tú infiel, yo sin esperanza; tú libre, yo ahogándome en desamor.
Me dije: "No moriré de esta manera, seré fuerte, partiré". Y ajusté mis alas a la fuerza de un río proceloso. "Río arriba nadaré", me dije. "Subiré hasta el manantial en que nací. Moriré en la casa de mis padres". Aunque hubiera preferido ser cautivo de tu amor, tomé la libertad que me ofrecías y emprendí el camino. Partí.
Remonté la corriente de tu amor hasta mi muerte. Río arriba, donde mueren los salmones.
A veces pedimos libertad y nos dan condenas, pedimos cautiverios y nos liberan, en definitiva todo es siempre nadar contra la corriente.
ResponderEliminarNo has perdido ni un ápice de inspiración, bruja.
Fantástico.