Hueco, vaciado de sí mismo, misterio de carne, cuerpo de tierra echado perezoso en la penumbra de mi cama. Lo vi allá, dormido, recostado entre las piernas desnudas de ese hombre de barro, lo vi y la mirada se me llenó de ternura. Ajeno, dócil, suave, niño grande vistiendo el cuerpo; descansada indolente virilidad, dios menor, pelambrera, musgo moreno entre los muslos, árbol, pene, cuerpo, barro. Esplendor de un cuerpo ensartado de alambre dócil, magnífica virilidad que una mañana descubrí dormida entre los pliegues de mi cama.
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Mis amores