
-Mi novio es una especie de buitre de alas anchas, cabellos muy negros, nariz aguileña y piel muy pálida. Su aspecto es difuso y alargado. Así es Manbrú, que así se llama.
-Lo describe usted muy bien, lo imagino perfectamente, sí, ¿sabe volar?
-¡Oh, sí!, es un volador empedernido, evoluciona con el garbo de un colibrí, como un plumero entre telarañas. Es primoroso, que significa elegante, creo, -estoy aprendiendo palabras-.
-Ya veo, sí; pero no nos desviemos, señorita. Yo así lo imaginaba, garboso. ¿Qué tal su tono de voz?
-Un refinado gracejo. Gracejo no es la voz de los grajos, por si no lo sabe, que gracejo es gracia en el hablar y el escribir.
-Conocía la palabra, aunque no la uso habitualmente.
-Ni yo, pero estoy aprendiendo palabras, voy por las que empiezan por “gr”.
-¿Cuáles más desearía incluir en la carta?
- Diga, por favor, que estoy tomando grageas para aliviar una gripe, y que, a pesar de la añoranza, el grato recuerdo de su aliento grácil como ala de mariposa me mantiene alegre e ilusionada; piense también alguna frase en la que pueda meter la palabra grey, que da mucho lustre, y grímpola, que significa bandera, o algo así, y que es buena palabra para decírsela a un soldado que está en la guerra; y termine diciendo que grosso modo estamos todos bien y que ni el graznido del grajo ni el gruir de la grulla...

-¡Señorita!
-Bueno, diga usted lo que quiera, pero por si acaso no se olvide de decirle que la yegua y la vaca han parido ya, que la matanza llenó la despensa de carne para pasar el invierno, que la cosecha ha sido abundante y hay buen grano en el granero -eso es cierto, que no es por la “gr”, oiga-. Dígale que su madre y sus hermanos pasarán un buen invierno, que ya me encargo yo de ellos. Dígale eso además de lo de la grey y las grullas. Y busque alguna manera de decirle que le quiero, que le echo de menos y me muero por sus vuelos y sus besos, y que se cuide y no se ponga en el camino de una bala. Y que hay cobardes y valientes pero a mi me parecerá bien que él sea de los primeros. Dígale eso, más o menos.
Y luego firme:
Siempre tuya,La Pera.
¿De modo que en el Interior de una Pera!
ResponderEliminar¡Ja! ya hablemos tu y yo, Peritadura