
Sus ojos eran extrañamente hermosos, mirando desde su pequeña muerte. Sus labios de una carne jugosamente dulce. No era, en realidad, tan joven como su belleza.
Gemía, se turbaba, descendía a los sótanos más húmedos del cuerpo, usaba su saliva como lúbrica miel, simulaba trances de extasis, indudablemente efímeros y ciertos. Algo en él era terriblemente delicado, algo semejaba un perfume muy oscuro de jazmines enfermos.
Era la suavidad de un lecho de agua, la escurridiza obsesión de las ojeras, la blanca piel, suntuosamente condenada.
La sexualidad más sórdida se le volvía azul. Era el fin del mundo en filo de primavera.
Sabes que no era amor, ni amistad; sólo un placer que se mira en espejos de noche.
Únicamente esperaba deshacer tu sensualidad en sus muslos. Cada amanecer deseaba el horror del amor romántico.
Como húmeda flora, putrefacción, y hermosura.
Luz lunar en un valle de caricias. Era la belleza extremadamente turbia.
Su sexo descansaba, magnífico, como un león satisfecho…
Pufff, me parece que me han entrado ganas de .... leerte un poquito más. Muacksssss
ResponderEliminarYa sabes que me alimento de tus ganas...no dejes de darmelas o moriré. Muacksssss
ResponderEliminarSabía que eras poesía ........ Ains, el sol se está abriendo para mí cuando te leo y siento en estas palabras. Besos Yume.
ResponderEliminarMi Sol está a tu disposción siempre que necesites de su calor mi querido Oni.
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