
Cuando caminas, ay chiquilla cuando caminas...,
la cadencia de tus caderas curvilíneas consigue llevarme al clímax con solo proponertelo.
Corona el cáliz de mi deseo el coqueto contoneo de tu trasero, que con calculada maestria carcome o complementa? todos mis refuerzos.
Con cautela, acerco mi boca a tu cuello y mi cabeza pierde su cordura en un caos de canibalismo y desconcierto.
Calibro las caricias que arrancan los quejidos de tu averno y consulto las crónicas del recuerdo, únicamente en la creencia de encontrate recostada en el campo de la locura y el consentimiento, confiada, que entre campanillas y caléndulas voy a acorrarlarte el pensamiento, consumado el conjunto de los compromisos que te debo.
Tú càndida cabellera, entonces, me cortará el viento y recompensará con creces el altruismo de mi ofrecimiento.
Cabalgaré a lomos de los cuadernos donde escribiste los “te quieros”, me encadenaré al cansancio de comerte a besos y acribillaré tus sentidos con cualquiera de mis miembros.
Con cuidado, casi con miedo, recuerda que yo siempre he sido un caballero, te cogeré por las caderas y te marcaré el tiempo y como un criminal que escapa de su criminal encierro, correré corriendo al encuentro de mi boca con tu sexo.
Conquistaré la cúspide de tu placer y culminaré tu deseo. Y con la inquietud de quien quiere conservar aquel momento, contundente, reclamaré al cielo que te quedes a mi lado cuando se aplaque tu fuego.
Ees mi corazón, pobre cacharro, el que quiere evitar la catástrofe de no ser tu dueño, pero que quieres que te cuente, incricunstancial compañero, la complicidad no se compra, ni el cariño, ni el deseo,
y para esta coyuntura que te consterna, hoy, no tengo consuelo.
A la ocasión la pintan calva y eso siempre fué un acuerdo, pero la incertidubre convive siempre en las conciencias de quienes aman con desvelo.
Pero qué le voy hacer si me crispa no tener el clamor de tus destierros en el convenio que conjuga el calor de nuestros cuerpos?
Asi que, para qué continuar conjeturando más el momento?
me acucurruco y sigo presto con mi lengua y con mi cuerpo a conmover los desacuerdos que desencadenan en la cama el cauce de tu libido y el color de mis talentos.
Y cuando haya acabado contigo y colmado tus anhelos, como a un cómico que te divierte y te saca de tu tedio...
-"Querido, qué tienen los hombres en la cabeza?," me preguntarás, con un canteo de tu cuerpo...
...tus caderas, cariño, tus caderas, te contestaré sonriendo.
-"Ni las quejas, ni los quijotes, ni el contexto de unos cojones, tienen cabida en el caldo que se cuece en mis escotes".
Está claro, clarisimo con claridad cristalina que no me convienes en nada, mi queridisima vecina.
-"Nunca he sido, cariño, concuvina de cualquiera
circunstancia que creo todavia recuerdas".
Claro que lo recuerdo "cabrona" y te confirmo la prueba
que comerse el mundo es nada si no me clavo en tus caderas.
















































